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Calle Morales Antequera


Llanos del Caudillo. Los comienzos

     El pueblo de Llanos del Caudillo es uno de los nueve pueblos de colonización creados por el INC en la provincia de Ciudad Real. Se encuentra en el sector primero de la zona regable La Mancha. La colonización de esta zona, que está situada en el noreste de la provincia de Ciudad Real, se basó en la explotación del agua subterránea del acuífero 23, que había sido recientemente descubierta a principios de la década de los cincuenta. La zona afectaba a los términos municipales de Alcázar de San Juan y Manzanares y su superficie es de 5.397 hectáreas. En La Mancha se proyectaron dos núcleos de población: Llanos del Caudillo, que dependía administrativamente del municipio de Manzanares (sector I) y Cinco Casas, dependiente de Alcázar de San Juan (sector II). El Plan General para la Colonización de este sector se aprueba el 27 de noviembre de 1953 y aparece en el B.O.E. del 17 de diciembre de ese mismo año. Los planes generales de colonización constituían una síntesis del plan coordinado de obras y de toda la serie de proyectos y ejecuciones previstos para realizar la colonización de un área determinada. Una vez que este avance del proyecto era revisado y aprobado, se convertía en el plan definitivo y podían empezar a realizarse las obras que afectaban a los nuevos regadíos del sector, a la parcelación y a la creación del nuevo núcleo de población. Todos los proyectos de los nueve pueblos de colonización de Ciudad Real son de la década de los cincuenta o principios de los sesenta, a excepción de Villanueva de Franco, que tiene fecha de 1949[1].

 

Años 50: los nuevos regadíos y el final de la autarquía

     El proyecto de colonización de Llanos del Caudillo tiene lugar en la segunda fase de la política agraria franquista, que se inicia en 1949 con la creación de la ley sobre Colonización y Distribución de la Propiedad de las Zonas Regables. Ahora se trataba de concentrar la actividad colonizadora en las zonas regables, abandonando la política dispersa de adquisición de tierras de secano practicada por el INC en la etapa anterior. De este modo, se descarta por ineficaz a la iniciativa privada, en la que había confiado la ley de 1939 para realizar la colonización de grandes zonas, y a partir de aquí la actividad colonizadora está protagonizada exclusivamente por el INC. En esta nueva etapa la colonización se centraba en las denominadas tierras “en exceso”, la parte de la superficie puesta en riego destinada al asentamiento de colonos. Estas tierras “en exceso” consistían en los terrenos declarados como sobrantes que se expropiaban una vez se había determinado la superficie que quedaba reservada a los propietarios (las llamadas “tierras en reserva”).

     Así, en este período se utiliza la expropiación como método de adquisición de tierras en vez de la compra por ofrecimiento voluntario de sus propietarios. Durante los años cuarenta las fincas que se compraron eran en su mayoría tierras arrendadas y la labor del INC había consistido en hacer de intermediario entre unos propietarios que querían vender y unos arrendatarios que querían adquirir las parcelas que venían explotando desde hacía mucho tiempo. Con los nuevos planteamientos colonizadores, en los cincuenta el INC abandonó su política de compra indiscriminada de tierra y empezó a emplear más recursos para financiar las obras de transformación en regadío. A partir de la ley de 1949 el INC aumentó la cantidad de tierras adquiridas y, si en los años cuarenta la actuación se había limitado a realizar operaciones en fincas de secano no regable, ahora éstas se centraron en las llamadas “zonas regables”, que se consideraban más aptas para la transformación en regadío. Sin embargo, en esta etapa el Estado seguiría subvencionando las obras hidráulicas y la realización de mejoras viarias de las fincas que quedaban en manos privadas en el medio rural..

     El resultado fue que muchos planes afectaron a zonas que no eran óptimas para el regadío, como era el caso de Castilla. Por otra parte, el número de proyectos de colonización y de transformación en regadío que se pusieron en marcha simultáneamente y lo limitado de los recursos para llevarlos a cabo hizo que la ejecución de los planes fuera muy lenta.

 

Cuarenta y Seis Familias: Los Primeros Colonos

     Una de las personas que llegaron en este primer bloque de colonos, Gregorio Almodóvar explica, que la primera semana de mayo él recogió la última llave y, en ese momento, era el cabeza de familia número cuarenta y seis. El pueblo había terminado la primera fase de construcción, pero estaba todavía en obras, con las casas sin terminar, sin puertas ni cristales en las ventanas, y la mayor parte de las calles e infraestructuras sin construir. Por los testimonios, sabemos que en abril de 1955 estaban terminadas solamente las calles Luís Mingo (que entonces se llamaba Andalucía), Labradores, Cañizares, Navas Hondas, Tío Triguero, La Solana, Morales Antequera (entonces Carretera) y Alcázar de San Juan. A medida que se iba avanzando en las obras y se terminaban más casas, iban llegando nuevos colonos. A últimos de octubre y principios de noviembre de 1955, llegó el siguiente grupo de colonos y se completó el número de familias instaladas, que llegaron a las noventa y seis. Cada familia tenía una media de 3 hijos y, en abril de 1956, había ya un total de 509 personas viviendo en el pueblo[1]. Todas las familias venían de la provincia de Ciudad Real, algunas de poblaciones situadas a más de 100 kilómetros de distancia de Llanos.

     Según los datos del padrón, ésta es la lista de localidades de las que venían las personas que se instalaron en Llanos en 1955, entre las que llegaron en la primera expedición de abril-mayo y las que vinieron en el segundo grupo de octubre-noviembre: Alamillo, Alcázar, Argamasilla de Alba, Ballesteros, Bolaños, Ciudad Real, Herencia, Hoyo de Mestanza, Infantes, Las Labores, Malagón, Manzanares, Mestanza, Pedro Muñoz, Tomelloso, Valdepeñas, Fuente el Fresno, Villarubia, Villar del Pozo, Villarta de San Juan y Viso del Marqués. Por otro lado, había también dieciocho familias instaladas en viviendas diseminadas en fincas del área de Llanos del Caudillo. Se trataba, según el registro, de braceros, sirvientas, jornaleros y obreros agrícolas procedentes sobre todo de Manzanares y Membrilla, pero también de algún pueblo de Badajoz, de Sevilla y de Jaén. Conformaban sesenta y ocho personas en total[2].

     El origen socioeconómico de los primeros habitantes de Llanos era muy parecido: antes de venir, todos los colonos asentados se habían dedicado de un modo u otro a la agricultura. Algunos combinaban el trabajo en el campo con la albañilería o dedicándose al estraperlo (a comprar cebada, garbanzos, aceite y otros productos que estaban racionados en la posguerra para venderlos en el mercado negro a un precio más caro que el precio oficial)[3]. Una minoría tenía un huerto o una pequeña parcela con viñas en terrenos de secano y se había visto afectada por la sequía de finales de los años cuarenta en la zona. La inmensa mayoría, sin embargo, era campesinos sin tierra que trabajaban como jornaleros por unas veinticinco pesetas al día, que arrendaban temporalmente algún trozo de parcela o que estaban trabajando de gañanes en casa de sus “señores”:

La figura del gañán merece una atención especial, por ser la ocupación de origen de la mayoría de las personas llegadas a Llanos del Caudillo o la de sus padres. El gremio de gañanes constituía un colectivo de campesinos de mucha tradición en las comarcas de Mancha y Campo de Montiel.


 

[1] En agosto de 1955 nació la primera niña de Llanos, María Elena Chamero, aunque oficialmente se consideró como primer niño del pueblo a José María Carrasco, que nació un mes después, porque la madre de María Elena había dado a luz en el hospital de Ciudad Real y no en su casa en el pueblo.

 

[3] Las carencias de la autarquía y el intervencionismo Estatal provocaron la aparición de un amplio mercado negro en los años cuarenta, en el que los productores procuraron esquivar los controles y desviar sus producciones fuera del mercado oficial. La gente acudía a este mercado paralelo para adquirir cantidades adicionales de los productos racionados y llegó a pagar entre dos y tres veces más del precio oficial.


 

Selección de Colonos

     Para el asentamiento de colonos en los nuevos pueblos de colonización se ponía en marcha un proceso de convocatoria y selección de las familias solicitantes. El anuncio de la convocatoria era expuesto en el tablón de anuncios de los diferentes ayuntamientos de la zona, y a través de estos anuncios o de la información ofrecida por algún conocido o amigo, las personas interesadas presentaban la solicitud y esperaban la respuesta sobre su aprobación. Los criterios que se tenía en cuenta para la selección de las familias a instalar son muy significativos y su análisis resulta tremendamente esclarecedor sobre los objetivos prioritarios de la colonización agraria de posguerra.

     El concurso de colonos para Llanos del Caudillo se empezó a anunciar en marzo de 1954. El texto, que era enviado por correo desde la delegación provincial del Instituto Nacional de Colonización, especificaba el plazo de un mes para presentar la solicitud e incluía la lista de los requisitos necesarios para ser colonos agrícolas. Entre las condiciones mínimas que se indicaban, las personas solicitantes tenían que estar residiendo en la provincia de Ciudad Real, ser mayores de 23 años y menores de 50, y haber realizado el servicio militar obligatorio. Por otro lado, debían ser agricultores con práctica agrícola como “cultivadores directos y personales”, jornaleros sin tierra alguna, o pequeños propietarios sin tierra suficiente para “constituir una unidad de tipo familiar”. Los solicitantes tenían que acreditar además “unas dotes de moralidad y conducta aceptables” y “estar desprovistos de taras hereditarias fisiológicas o defecto físico que imposibilite el trabajo agrícola”[1]. Aparte de estas condiciones mínimas, se consideraba como condiciones preferentes: ser propietario de superficies inferiores a 6 hectáreas en el sector primero de La mancha o arrendatario de cualquiera de las fincas de esta área, ser casado o viudo con hijos y saber leer y escribir.

     Todas las personas solicitantes debían ser hombres, a los que se considera “cabezas de familia”. De hecho, según la lista del padrón municipal, sólo dos mujeres fueron inscritas en Llanos del Caudillo como cabeza de familia en 1955[2]. El hecho de considerar al varón adulto como cabeza de familia, que sea su nombre el que aparezca en los documentos oficiales en representación de su  esposa e hijos y que se le considere sólo a él como colono y último responsable de la explotación familiar, está íntimamente relacionado con los roles tradicionalmente asignados a hombres y mujeres y la concepción de ambos géneros hegemónica en este periodo. Como explica Jordi Roca (1996) en cuanto a la construcción del género femenino en la posguerra, entre los principales rasgos que caracterizan el discurso dominante en torno a la feminidad destaca la reclusión de la mujer en el ámbito de la privacidad, el trabajo doméstico y el cuidado de las personas. En este sistema de género, los conceptos de feminidad y masculinidad establecen y remarcan la diferencia entre dos roles que se conciben como opuestos y complementarios. Tanto en los años de la posguerra como en la década de los cincuenta, el ideal femenino quedaba reducido a la figura de la madre y ángel del hogar, mientras que toda la dimensión de la actuación pública y política se reservaba exclusivamente a los hombres.

     La concepción del colono y la valoración del trabajo agrícola que hacía la política agraria franquista se relacionan también con este sistema de género; para la selección de colonos, el INC tenía en cuenta el capital familiar, es decir, establecía una correlación de las personas que componían la familia de los colonos con “unidades de trabajo”, según la siguiente tabla de equivalencias:

 

Sexo Edad Equivalencia en Unidades de Trabajo*
Varón 18 a 60 1’00
Varón 15, 16 y 17 0’75
Varón 12, 13 y 14 0’75
Mujer 14 a 15 0’25

  

  Resulta significativo que el trabajo de una chica de 15 años valga menos de la mitad que el de un muchacho de su misma edad o incluso menor. Además, no se incluyen en la tabla ni a los niños menores de 12 años ni a las mujeres mayores de 15, por considerar que “la mujer que en cada familia atienda los trabajos de la casa” será incapaz de “rendir trabajo útil”. Sin embargo, y como veremos más adelante, además de desempeñar las tareas domésticas y dedicarse a la costura, las colonas del pueblo participaron continuamente en las actividades del campo y su trabajo supuso una aportación a la economía doméstica mucho más importante que un simple apoyo al marido.

     Todos estos requisitos que se tenían en cuenta en el proceso de selección apuntan también a la concepción que el Estado tenía del colono como herramienta de trabajo. El Instituto se inclinaba por las personas que tuviesen ya cierta capacidad técnica en el trabajo en la agricultura, sobre todo en regadío, en una búsqueda claramente funcional a los objetivos de productividad y rentabilidad de las actividades agrarias. Por otro lado, la cuestión de ser individuos sanos, sin defectos físicos o “taras hereditarias fisiológicas”, que era indispensable para ser admitidos, deja entrever una cierta preocupación eugenista de la política colonizadora, en la que el criterio productivista y de rendimiento juega también un papel esencial por encima de las pretendidas finalidades de apoyo y asistencia social a las personas más desfavorecidas del campo[1].

     Aún más interesante es el requisito aparentemente más social de selección por el que los colonos debían acreditar una adecuada moralidad y buena conducta. La evaluación de este criterio se basaba en la información ofrecida desde la población de origen por las autoridades locales y en la petición de un informe a la guardia civil sobre los antecedentes políticos y sociales de los aspirantes a colonos. A cada pueblo se trasladaba el ingeniero o perito y allí se formaba una comisión local, normalmente constituida por el alcalde, el secretario municipal, el médico, un representante de la hermandad sindical de labradores y ganaderos y dos “agricultores de solvencia designados por el Alcalde” que no hubiesen solicitado ser colonos del Instituto[1]. Esta comisión verificaba la información aportada por el solicitante y completaba otros posibles datos sobre su conducta. En una reunión la comisión daba una calificación mediante las letras B (bueno), R (regular) y M (malo), que hacía referencia a las condiciones mínimas y que invalidaba toda solicitud que era calificada en algunas de las condiciones como malo.

     La mayoría de los y las vecinos dice haberse enterado de la convocatoria abierta para la selección de colonos en el ayuntamiento de su lugar de origen o a través de algún contacto personal.

     El informe profesional y sanitario de la comisión local se completaba con el informe de la guardia civil. Este informe consistía en una lista con el nombre de las personas que habían presentado la solicitud seguido de una o dos frases que daban cuenta de su historial de actividades políticas y la tendencia ideológica que se le conocía. Estos son algunos ejemplos de los datos que aportaba este informe:

     Algunos historiadores se han dedicado a estudiar el aparato represivo del franquismo, una represión que se ocultó oficialmente durante los cuarenta años de dictadura y que en los años posteriores tampoco ha sido denunciada en profundidad. Una vez finalizada la guerra civil, la dictadura se caracterizó por una actitud de exterminio del enemigo en la que se pretendía borrar cualquier alusión a la ideología de referencia del mundo de la república. Desde las instituciones franquistas se persiguió, encarceló y asesinó tanto a personas que habían destacado por su militancia y compromiso político de izquierdas, como a aquellas que sólo habían cometido el delito de ser familiares de las anteriores o que habían acabado en el bando republicano de forma casual. Los fragmentos de los informes anteriores son un ejemplo de la estigmatización que sufrieron las personas relacionadas con las ideologías de izquierdas y el bando republicano también en el caso de la selección de campesinos para los pueblos de colonización.

     Por los escasos documentos referentes a la selección de colonos que pude encontrar, ha sido imposible extraer conclusiones sobre el número de personas que intentaron venir a Llanos con sus familias y fueron rechazadas. Tampoco encontré todas las listas de las personas solicitantes, sólo algunos informes con fecha del mes de julio de 1954 que la guardia civil o el alcalde de alguna localidad enviaban al jefe de la delegación del INC. Si bien la mayoría de nombres que aparecen en estas listas no se encuentra en el grupo de personas inscritas en el padrón municipal del cincuenta y cinco, los únicos nombres que encontré que sí pasaron después a ser vecinos de Llanos del Caudillo disponían del tipo de informe sin “antecedentes político-sociales”.
 



Fuente: Instrucciones enviadas por el jefe de la delegación provincial del INC al presidente de la Hermandad de Labradores y Ganaderos de Manzanares, con fecha del 23 de junio de 1954. Archivo Municipal de Manzanares.


 

 

     A pesar de todas las dificultades para hacer conclusiones definitivas, la catalogación que se utilizaba para aceptar o dejar fuera a las familias solicitantes puede decirnos mucho de las características de la sociedad que el INC pretendía proyectar en sus nuevos núcleos de población. Se ha dicho del gobierno de Franco que, a diferencia de otros regímenes totalitarios, buscó más la desmovilización política de la población que su adoctrinamiento (R. Tranche y V. Sánchez-Biosca, 2002) y, de hecho, podemos pensar que el proceso de selección de mano de obra para el proyecto colonizador pretendía eliminar cualquier fuente potencial de conflictividad social entre los colonos asentados.

     No es de extrañar que este fuera uno de los criterios prioritarios para la selección de colonos. De hecho, el período temporal que nos ocupa se caracterizó por una intervención del Estado en la política reproductiva encaminada a aumentar la población. En los años de la posguerra dominó el ideal de la familia numerosa; los medios de comunicación hablaban de la gratificación y el reconocimiento concedidos a las familias más numerosas de España, al tiempo que el discurso oficial proyectaba una imagen sombría de las familias que no habían conseguido una abundante descendencia[1]. En este contexto, se entiende que en Llanos la mayoría de familias contara a mediados de los cincuenta con cuatro, seis y hasta ocho hijos.

     El proyecto de parcelación de esta zona fue redactado por el ingeniero agrónomo José María Oñate y se aprueba en septiembre de 1954. El anuncio al público que hace el INC enumera la superficie declarada “en exceso” de las fincas El Prior, El Portajillo, Barrunta, Quintería de Cañizares, Casa Nueva de Ponce, Haza de Ponce, Estaquillas, Venta Quesada, El Quijote, Pedro Alonso, Garcés, Verzosa, Villar de la Teja, Corrales de Cantón, Casa del Bueno, Casa del Trompo, Casa del Tío Triguero, La Golosa, Las Moralas y Navashondas. Todas pertenecen al término municipal de Manzanares. La mayoría de superficies expropiadas son trozos de parcela de menos de 5 hectáreas, a excepción de la finca El Quijote de 184 hectáreas, y cinco trozos de entre 20 y 62 hectáreas. En cuanto al tipo de cultivos de las fincas expropiadas, la mayoría eran viñas o habían sido viña hace tiempo y se encontraban sin cultivar. Las personas afectadas por el proyecto debían presentar la documentación que acreditaba su condición de propietarios y cultivadores directos de sus parcelas y disponían de un plazo de treinta días para formular sus peticiones de reserva de tierras.

     Las tasaciones por expropiación no fueron nada desfavorables para los propietarios. El Plan General de Colonización establecía los precios máximos y mínimos que había que pagar por las tierras expropiadas, según una clasificación en tierras de labor (entre 1.500 ptas/ha. de precio mínimo y 6.000 ptas/ha. máximo) y viñedos (entre 2.000 ptas/ha. mínimo y 30.000 ptas/ha. máximo)[2]. En los documentos sobre expropiación podemos encontrar 17 propietarios afectados en nuestra zona que recibieron pagos de unas 10.000 pesetas de media por hectárea, de modo que algunos propietarios cobraron 200.000 y hasta 735.000 pesetas de la época. La mayoría de expropiaciones y ocupaciones de fincas para la parcelación de Llanos del Caudillo tienen lugar durante 1953 y 1954 (aunque en 1956 todavía encontramos algunas actas de ocupación de parcelas para las obras de infraestructura que seguían en marcha). El tamaño del pueblo se determinó a partir de la previsión del número de lotes de tierra que se podía hacer. En general, el proceso solía consistir en: delimitar el sector, ver cómo estaba distribuida allí la propiedad y hacer los cálculos de las tierras que quedan reservadas a los propietarios y las tierras excedentes que se destinan a la colonización. En el caso de Llanos, las tierras reunidas mediante la expropiación fueron unas 1.900 hectáreas. Quitando la superficie que ocupan las obras de infraestructuras, se calculó en 950 hectáreas la extensión de tierras disponibles para adjudicar a los colonos, por lo que, a partir de parcelas de tipo medio (de 6 hectáreas cada una)[1], era posible instalar un máximo de unas ciento sesenta familias de colonos en el pueblo.



 

Un pueblo sin faroles. Trazado urbano e infraestructuras

“Porque no tiene faroles dicen que Llanos es feo”.

Jota de La Vendimia

     La construcción de Llanos del Caudillo arranca en 1953, poco después de que empezaran las obras de captación de aguas subterráneas y de transformación en regadío en la zona La Mancha. El plan consistió en dos fases: la primera fase en la que se construyeron 102 viviendas de colonos con sus dependencias agrícolas y la segunda, en la que se construyeron 82 viviendas de colonos y 24 de obreros agrícolas, 3 viviendas de maestros, la iglesia, el centro cívico y otros equipamientos. Llanos acabó siendo el más grande de los nueve pueblos de colonización de la provincia. La empresa que realizó las dos fases fue la constructora Beyre S.A., que hasta mayo de 1959 no había completado las obras. Las primeras familias llegaron al pueblo con las máquinas en marcha, trabajando aún en la primera fase:

     Entre los pueblos de colonización hay más diversidad de lo que puede parecer en un principio, pero, aún así, existen muchas constantes que se repiten en cada uno de ellos y que también son características de Llanos del Caudillo. Un rasgo fundamental es la uniformidad de una arquitectura visiblemente homogénea; la mayoría son pueblos que fueron construidos de un solo golpe y diseñados de la mano de un único arquitecto responsable. La impresión de unidad compositiva que dan estos pueblos, donde cada vivienda es una parte idéntica del conjunto, supone un fuerte contraste y una diferencia esencial respecto a los pueblos tradicionales, en los que la arquitectura y fisonomía han sido fruto de un proceso histórico y múltiples intervenciones a lo largo del tiempo:

     El arquitecto de Llanos del Caudillo, y el de Cinco Casas, fue Pedro Castañeda Cagigas. Hasta los años 70, arquitectos e ingenieros trabajaron juntos en la proyectación de la vivienda de los poblados. Según los ingenieros agrónomos, la vivienda era un elemento más de la explotación agrícola y debía responder a las necesidades de la producción agraria, pero buscando siempre la economía de costes. Algunos arquitectos tenían más en cuenta las características del terreno: vientos dominantes, pendientes, soleamiento, arbolado existente a respetar, caminos y acequias.  Llanos del Caudillo, igual que muchos otros pueblos de colonización, está situado en un terreno plano donde la topografía tiene poca influencia. Aquí, la llanura de La Mancha se utilizó para una ordenación de manzanas en malla rectangular y una estructura racional en la que destaca como punto central la torre de la iglesia, indicando la proximidad a la plaza del pueblo. El programa de Llanos consistía en 184 viviendas de colono de 16 tipos, 24 viviendas de obreros agrícolas de tres tipos, iglesia y locales anejos, casa rectoral, edificio de administración, 3 escuelas, 3 viviendas de maestro, edificio social, casa del médico y dispensario, y 6 artesanías o viviendas de comerciantes.  

     Las características fundamentales de las fachadas y del pueblo son, los balcones, las rejas, la fuente de la plaza, las portadas, o el uso ornamental de huecos y macizos, que son detalles tomados de los estilos populares de la región. Por la escasez de presupuestos, se utilizaron normalmente materiales muy baratos, como adobe, hierro y cemento, aunque adaptando también los usos locales de las diferentes zonas, como es el caso del encalado en Llanos o la piedra vista en otros pueblos de colonización de Ciudad Real. En general, tanto los materiales como los detalles del diseño son sobrios y las viviendas, con sus dependencias agrícolas, mantienen un estilo pragmático y funcional a las necesidades de la producción agraria.

La estructura social del pueblo quedaba configurada de antemano por la división en varios tipos de viviendas que separan a los habitantes en cuatro categorías: colonos, obreros agrícolas, comerciantes y funcionarios o profesionales de servicios (maestros, médico, cura). Las viviendas de colono, con un tamaño medio de 87 metros cuadrados, son mayores que el resto y tienen además una media de 400 metros cuadrados de prolongación para las dependencias agrícolas (patio, cuadra y granero). Allí se guardaba el ganado, se criaban gallinas y cerdos, se almacenaban las semillas o la cosecha y, más adelante, se metería la maquinaria agrícola. Hoy sobra toda la infraestructura dedicada al mundo animal puesto que esa tradición se ha perdido.

     Las casas de obrero tenían una superficie y un solar más pequeños que las de los colonos (alrededor de 22 metros cuadrados más pequeñas) y no disponían de dependencias agrícolas. hilera en la calle Alcázar), a veces rellenando los huecos que dejan las viviendas de colono.

     Para las viviendas de los profesionales de los diferentes servicios, se partía del esquema general de la vivienda de colono, aunque se les daba mayor amplitud y, en lugar de anejos agrícolas, había un patio pequeño. Las 6 viviendas de comerciantes o “artesanías” que estaban previstas en el plan de obras parece que en la práctica acabaron siendo casas de colono donde la planta baja, con menos tabiques, se ocupaba para la tienda. La casa del médico se situaba junto al consultorio, la casa rectoral estaba vinculada a la iglesia y, normalmente, las de los maestros estaban cerca de las escuelas. En Llanos, la iglesia, el ayuntamiento o edificio de administración y las viviendas de los maestros (que fueron también la casa del practicante y la farmacia, por la doble profesión que desempeñaron un maestro y una maestra en el pueblo), se situaron alrededor de la plaza. Era una característica común de los pueblos de colonización que en la plaza mayor se agruparan el ayuntamiento, la iglesia, los comercios y otros equipamientos, muchas veces unidos por una línea de soportales. De esta plaza central, normalmente la Plaza del Caudillo “hoy Plaza de la Constitución” partía toda la ordenación del resto de los edificios.

     La ordenación de Llanos del Caudillo se caracteriza por el trazado racionalista de unas calles que confluyen en ángulo recto en la plaza del pueblo. La iglesia y su torre ocupan un lado de la plaza y son el punto más sobresaliente y el lugar al que van a parar las calles principales. En general, parece que la mayor parte de la atención de los arquitectos de los pueblos de colonización se centró en las iglesias, y sus torres se convirtieron en el “hito” arquitectónico de cada núcleo .Su tamaño resulta sorprendente para un pueblo de estas características; si los estándares eran de una parroquia de 800 metros cuadrados para 20.000 habitantes, en los pueblos de colonización la media es de 104 viviendas por iglesia. La monumentalidad de las iglesias y su importancia en la trama del pueblo se relacionan no sólo con el vínculo que existía entre el Estado y la Iglesia católica, sino también con el valor simbólico y representativo atribuido tradicionalmente a las iglesias en la historia del urbanismo español.

     La planificación y el diseño de los nuevos pueblos concretan la ideología de este período histórico. Las viviendas, la calle, los espacios públicos, forman parte de una determinada concepción de lo que debía ser la comunidad rural y sus relaciones de convivencia. A partir de las 100 viviendas se generalizaba la escuela, Aunque la intención inicial del INC era crear núcleos de población autosuficientes y con una dinámica propia, lo cierto es que Llanos del Caudillo y la mayoría de pueblos de colonización han atravesado muchas dificultades para constituirse como unidades autónomas y han dependido de las poblaciones vecinas de mayor tamaño no sólo administrativamente, sino para tener acceso a todo tipo de infraestructuras y servicios mínimos

     En 1958, cuando Llanos contaba ya con un millar de habitantes, desde el ayuntamiento se estaba  negociando con la empresa Sepulvedana para que su línea de autobús entrara en el pueblo. Después de varios meses, por fin se acordó que haría parada en el kilómetro 160 de la carretera Madrid-Cádiz, donde nacía el camino que llevaba a Llanos. Esta parada serviría para garantizar también el servicio de correos, que hasta entonces consistía en un muchacho que hacía de cartero enlazando a Llanos en bicicleta desde Manzanares:

     En agosto de 1961 había 1.112 personas viviendo en Llanos del Caudillo.

 

La tercera generación. Transformaciones Recientes

     Las imágenes que transmiten los primeros colonos sobre la escasez material y la austeridad del sistema de vida en los comienzos contrastan con la abundancia que perciben en la actualidad. Las primeras generaciones se sorprenden de los cambios abismales en los estilos de vida y formas de consumo de los últimos años que, según afirman, nunca podrían haber imaginado. En ocasiones, se alegran de que las nuevas generaciones disfruten de una situación tan distinta a la que a ellos les tocó vivir, pero en algunos aspectos poco ha cambiad

     Cuando llegaron los primeros colonos la necesidad extrema hacía que la producción agrícola de subsistencia todavía fuera una prioridad. Con el tiempo, la lógica mercantil terminó por impregnar todas las actividades, la industrialización de la agricultura fue imponiendo la productividad como el principal criterio a tener en cuenta y a él han ido adaptándose todas las explotaciones agrícolas sin excepción en las últimas décadas. El aumento de la superficie de regadío y los criterios productivistas de las actuaciones del INC fueron transformando la agricultura tradicional y de hecho, se ha considerado que la política de colonización agraria fue el comienzo de la “lenta revolución verde” que se produce en el estado español desde hace cincuenta años.

     La obligación de sacar el máximo rendimiento al pequeño trozo de parcela también incrementó el uso de fertilizantes químicos, herbicidas y pesticidas en las últimas tres décadas. Además, en este tiempo ha habido una tendencia al abandono de los cultivos iniciales (trigo, cebada, maíz, alfalfa, judías) por el cultivo de productos hortícolas (melones, pimientos, cebollas) de forma intensiva. Una de las razones por las que se explica el paso de los cultivos tradicionales a los nuevos es de nuevo el criterio de la rentabilidad y el sucesivo aumento de las necesidades de las familias con el paso de los años.

     Es la gran paradoja: las nuevas plantas permiten explotar la tierra hasta cinco veces más que antes, pero implicaron que las semillas pasaran de ser un recurso gratis que se obtenía cada año de la propia cosecha a convertirse en un gasto fuerte que hay que afrontar antes de sembrar y que ha acentuado la dependencia de los colonos con respecto a las empresas agroalimentarias. Por otro lado, la industrialización de la agricultura ha hecho que los cultivos tradicionales sean mucho más productivos que antaño, pero el precio del trigo, el maíz o la alfalfa está igual que hace veinte años y, con el cambio del nivel de vida, no compensa. Los agricultores prefieren afrontar las inversiones arriesgadas que suponen los nuevos cultivos antes que conformase con los cultivos tradicionales, que son más baratos y apenas requieren mano de obra, pero que al final aportan una ganancia mínima.

 

El Problema del Agua

Otra de las cuestiones que subrayan las personas de la localidad entre todas las dificultades mencionadas es el problema del agua. A partir de 1972 se observa que la lámina de agua del acuífero 23 está descendiendo a gran velocidad y es en esa época cuando los pozos de los nuevos lotes de tierra del sector tercero se quedan sin agua, apenas cinco años después de que los colonos los hubieran puesto en cultivo. La disminución de las reservas de agua y los problemas del acuífero en la actualidad tienen que ver con la sobreexplotación que supuso el aumento del regadío que proponía la planificación agraria estatal desde 1950.

     A principios de los 80 se confirmó que las extracciones eran muy superiores a la recarga natural del acuífero y la Confederación Hidrográfica del Guadiana acordó declararlo “provisionalmente sobreexplotado” en 1987. Se imponen severas reducciones en las extracciones de agua y se prohíbe la apertura de nuevos pozos, hasta que en 1994 se declara la sobreexplotación definitiva del acuífero y se aprueba el nuevo Plan de Ordenación de las Extracciones. Los informantes explican que la falta de agua fue uno de los factores que motivaron el cambio de unos cultivos a otros que necesitaran menos riego (pero siguieran siendo rentables) y es una preocupación más que se ha sumado al cúmulo de incertidumbres del pequeño agricultor:

 

La Tercera Generación

     La cuestión de las últimas generaciones y la situación actual de los hijos de colonos pone de relieve cuál ha sido el resultado de la colonización agraria y la evolución de Llanos del Caudillo entre otros pueblos del INC. A principios de los setenta, después de la fusión del INC y los diferentes servicios afines a él en el Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA), la permanencia de los hijos de colonos se abordó dándoles prioridad para acceder a las parcelas que habían quedado abandonadas por la migración y mediante el reparto de nuevos lotes a partir de la ampliación del sector III (junto a Herrera de la Mancha). El principal problema lo tienen hoy en día las nuevas generaciones, los nietos de los primeros colonos que quieran dedicarse a la agricultura y seguir viviendo en el pueblo. 

     La resolución de la expropiación de tierras del sector tercero se publicó en abril de 1972. Las tierras ocupadas en ese sector pertenecían a un total de 7 propietarios y sumaban una superficie de 2.625 hectáreas. La intención inicial era crear otro núcleo de población, pero finalmente se consideró que el nuevo pueblo estaría demasiado cerca de Llanos y se optó por entregar esas parcelas a los hijos de colonos que lo solicitasen y ampliar además el lote de seis a nueve hectáreas. En 1980 había ya 19 colonos de la segunda generación de Llanos con parcelas en el área de Herrera de la Mancha que, además, pudieron adquirir una casa de colono en el pueblo de las que habían quedado vacías en el transcurso de la década anterior. Los nuevos lotes tuvieron que pagarse en metálico al IRYDA y resultaron algo más caros que para los primeros colonos (el coste de las obras de puesta en riego había sido mayor que en los cincuenta). Por otro lado, los agricultores consiguieron que el Instituto les redujera el precio del lote cuando en 1986 los pozos del sector tercero se quedaron sin agua. 

     Actualmente, los jóvenes de la tercera generación a quienes les gustaría continuar con la agricultura se encuentran en el callejón sin salida de no tener tierra disponible que puedan cultivar como propia; la mayoría tiene que esperar a que sus padres se jubilen y conformarse con el cultivo a tiempo parcial de la pequeña parte que les quede en herencia después del reparto entre los hermanos y hermanas.

     En general, la opinión de las personas de la tercera generación en torno a la agricultura se divide entre quienes mantienen una idea romántica y valoran lo positivo de trabajar un trozo de tierra propia sin jefes y quienes consideran una ventaja el abandono de las preocupaciones del campo y la seguridad que proporciona un trabajo “limpio” como asalariado, con un dinero fijo al mes. Algunos y algunas jóvenes presentan incluso una aversión al campo como medio de vida que a veces se explica por las situaciones de mala racha que han atravesado sus familias.

     El trabajo en el campo se concibe como “muy esclavo” y en condiciones de mucha precariedad. Las razones anteriores hacen que actualmente muchas de las persones menores de treinta y cinco años en Llanos no encuentren ningún atractivo en la agricultura y no se identifiquen en absoluto con la tierra como los campesinos de antaño. Por las dificultades que tienen que soportar los pequeños agricultores, algunos informantes opinan que les gustaría ser agricultores autónomos, sí, pero con las condiciones de un gran propietario.

     Sólo hay unas cinco personas, cinco chicos de entre veinte y treinta años, que sustituyeron a sus padres como responsables de la explotación familiar y se dedican plenamente a la agricultura hoy en día. Son jóvenes que argumentan que este trabajo es el que saben hacer y el que les gusta.

 

Trabajos al margen

     Las personas jóvenes que buscan trabajos al margen de la agricultura se ven obligadas a salir del pueblo. Desde hace más de diez años hay un grupo de unos cuarenta hombres, tanto jóvenes y solteros como adultos y padres de familia, que se desplazan a Madrid cada día para trabajar en la construcción:

     En las últimas dos décadas se ha diversificado la estructura ocupacional fuera de la agricultura. Los y las jóvenes no siempre tienen que desplazarse tantos kilómetros y encuentran también empleos en poblaciones cercanas sin necesidad de ir a Madrid. Es el caso de algunos jóvenes que trabajan en agencias de transporte, como basureros o como vendedores a domicilio para empresas de congelados. Ellas, suelen ser trabajadoras domésticas, administrativas, empleadas en talleres de costura o en fábricas y, algunos meses del año, trabajan para el ayuntamiento del pueblo en tareas de limpieza y mantenimiento. A diferencia de las primeras colonas, actualmente las mujeres suelen ser un comodín en la agricultura que sólo va a trabajar en los momentos que requieren más mano de obra (durante cinco o seis meses al año como mucho, de abril a septiembre). Los muchachos suelen implicarse más con el padre en las tareas agrícolas, mientras que entre las jóvenes existe una mayor tendencia a alargar los estudios con el objetivo de acceder a otros puestos de trabajo además de los jornales del verano o los trabajos “no cualificados” que ven ahora mismo a su alcance. El caso más generalizado es el de los y las jóvenes que trabajan hoy en día como jornaleros o como asalariados y que, además, suelen trabajar en la finca familiar cuando es necesario ayudar a sus padres.

     Las personas que no siguieron sus estudios al terminar la educación primaria a veces se lamentan de las limitaciones que encuentran para acceder a otros puestos de trabajo que consideran más cómodos y menos precarios que su ocupación actual.

 



 

Quedarse

     En Llanos hay una pirámide de población poco habitual que, a diferencia de lo que sucede en las zonas rurales, aún no está invertida. De las 664 personas que viven en Llanos según el último padrón de habitantes, el 19,12% tiene menos de 20 años, el 40,36% tiene entre 20 y 44 años, el 24,70% entre 45 y 64 años y el 15,81% de 65 años en adelante. La tendencia general en los últimos años ha sido una reducción de población infantil debido al descenso de la natalidad, pero el peso de la población juvenil sigue siendo predominante actualmente. La tercera generación está compuesta por personas que, además, quieren quedarse a vivir en el pueblo. 

Una de las únicas razones por las que gran parte de las personas entrevistadas de esta generación piensa que dejaría el pueblo es por motivos laborales, siempre en caso de necesidad y con muchos inconvenientes a la hora de dejar atrás a los amigos y a la familia.

     Además de las pocas salidas laborales al margen de la agricultura, otra de las razones por las que los y las informantes ven inconvenientes en el pueblo es la oferta docente (para hacer la secundaria los jóvenes se tienen que desplazar) y la falta de servicios. La gente de Llanos se sigue desplazando a Manzanares varias veces a la semana y la falta de transporte público hace muy difícil la vida en el pueblo sin un transporte propio.

     Una de las cuestiones más criticadas sobre la evolución de los pueblos de colonización ha sido la falta de previsión del Instituto en cuanto a la situación de cambio generacional: el problema de la herencia del lote de tierra, que no hubiera previsión para la ampliación de viviendas y el aumento de las necesidades de espacio, o la pérdida de funcionalidad de los pueblos por el déficit de servicios . Todas estas cuestiones eran comentadas por el actual alcalde del pueblo, Santiago Sánchez Morena, cuando  explica en qué ha consistido la transformación de Llanos desde que accedió al cargo por primera vez en 1987:

“El pueblo en el ochenta y siete no tenía absolutamente nada. O sea, por no tener no tenía ni redes de alcantarillao, teníamos las fosas asépticas en las casas todavía... Afortunadamente, hemos tenido la suerte de ir teniendo en las distintas corporaciones gente con bastantes ganas de trabajar y desde luego con muchas ideas. (...) Nunca hemos dicho: ‘esto no lo podemos tener porque somos un pueblo pequeño’. Siempre hemos pensao que el ciudadano, esté donde esté, tiene los mismos derechos que los demás, y si residimos en un pueblo pequeño eso no quiere decir que no tengamos los mismos derechos que los demás. (...) creo que conseguí meterme en los organismos de una manera medianamente fácil y eso llevó a que las ayudas hayan venido incluso siento una entidad local menor, directamente -cuando quizá hubiera tenido que venir a través del ayuntamiento del que dependíamos- y ello conllevó a que la infraestructura general del pueblo avanzase a pasos agigantaos hasta el día de hoy, que podemos decir que podemos presumir de tener una de las infraestructuras más completas dentro de poblaciones hasta de cinco mil habitantes”.

     Hasta 1991 no estuvo lista la red de alcantarillado ni la nueva instalación de alumbrado público. Otros equipamientos en los que se ha basado la evolución en infraestructuras del pueblo en los últimos veinte años fueron: la creación del colegio unificado, el polideportivo, la piscina municipal, el centro de la tercera edad, un salón cultural multiusos, el consultorio médico, la biblioteca, la emisora de radio , el gimnasio o el pabellón cubierto. Cuando en abril de 1999 el pueblo deja de depender de Manzanares y nace como municipio autónomo, se agiliza el proceso administrativo para estas cuestiones. Si, según algunos estudios, hoy la mayoría de los pueblos de colonización “son pueblos frustrados y en recesión” en opinión del alcalde, este no es el caso de Llanos del Caudillo:

“...la diferencia es abismal. El resto de pueblos de colonización de la provincia se han convertido -aparte de que son pedanías, ni entidad local menor ninguna de ellas- se han convertido en lugares de veraneo o para pasar los fines de semana, como segunda residencia, porque las posibilidades que ofrecen tampoco van más allá. Las casas las han ido comprando la gente de los municipios matrices como segunda vivienda y están allí tranquilitos, porque sí, tranquilos están mucho, pero nada más. Poblaciones con proyección de futuro como tiene Llanos no hay ninguna; la gente se está quedando y no se quiere marchar del pueblo, lo que pasa es que la problemática es grande. (...) No hay ninguna casa vacía. De hecho, vamos ya por la segunda fase de construcción de viviendas de promoción pública y se ha cedido terreno para construir otras catorce viviendas para jóvenes que se han construido su vivienda, pero hasta aquí. Es que no hay más, es que no había y ya afortunadamente va a haber terreno, suelo para construir, pero es que nadie pensó- el perímetro de la población se circunscribió a lo que había construido y nada más”. (Conductor, 51 años)

     Todas las  personas en la localidad coinciden con esa apreciación. El sentimiento de pertenencia al pueblo se articula hoy en día por oposición al “caos” y las tensiones de lo urbano, pero también por contraste  con otros pueblos de los alrededores que son de características similares. Entre los rasgos que se perciben como propios y funcionan como elementos de diferenciación, la gente de Llanos se piensa de miras más amplias, le da valor al pueblo por todos los “adelantos” que ha conseguido en lo relacionado con el “progreso” y la “modernidad” y considera que otros pueblos pequeños tienen “menos vida” y están “más atrasados”.Sirva como ejemplo la opinión de este vecino.

“Este pueblo tiene- si andas ahí un poco con el coche y andas ahí un poco por Castilla-La Mancha o te vas pa otro lao, será de los pueblos que haya más adelantaos de la gente y de to, estamos más adelantaos que la gente de por ahí pero en to los aspectos, ¿eh?”. (Albañil, 30 años)

     Y ya en el ámbito de los deseos y de las proyecciones de futuro, el hecho que la gente sienta la falta de empleos al margen de la agricultura como el principal inconveniente para la vida en el pueblo hace que muchas personas anhelen como solución alternativa la aparición de industria que cree puestos de trabajo.

 

A modo de colofón

    Las familias instaladas como colonos en Llanos del Caudillo en 1955 se consideraban privilegiadas en un contexto en que, a diferencia del resto de la población campesina, contaron con el apoyo económico y el asesoramiento técnico del Estado que les permitiría convertirse en propietarios de la parcela que cultivaban y de su nueva vivienda. Sin embargo, como indican diversos análisis de la colonización agraria, hay que relativizar las finalidades redistributivas y de justicia social que enfatizaba el discurso oficial como único objetivo de la colonización. De hecho, los inicios de la política agraria de posguerra arrancan de los intereses de los grandes propietarios en las zonas en las que actúa y sus objetivos consistieron, sobre todo, en la obtención de mayor producción y renta a partir de la transformación en regadío y en garantizar la reducción de la conflictividad social en el campo.

     A pesar de la importante pérdida de población por el éxodo migratorio que hubo en los años sesenta y setenta, muchas de aquellas primeras familias de colonos decidieron quedarse y fueron desarrollando con los años un fuerte nivel de arraigo con el pueblo. El recuerdo que persiste sobre las muchas dificultades atravesadas para salir adelante no impide que actualmente exista una valoración positiva de todo el proceso. La impresión general que predomina en las entrevistas es que la mayoría de la gente considera que aquí se le tendió una mano y que, no sin esfuerzo, los colonos asentados pudieron pasar del hambre y la escasez a la abundancia y el bienestar que perciben hoy en día. Con todo, junto a esta valoración también se puede apreciar una cierta conciencia de las incoherencias y los abusos del Instituto durante el periodo de “tutela” y la opinión bastante extendida que considera injustificado el largo retraso en la entrega de las escrituras. 

     Los cambios en la actividad ocupacional de las generaciones descendientes de los primeros colonos y el resto de transformaciones que se advierten en el pueblo en las últimas décadas nos están comunicando en qué han consistido el éxito y el fracaso del proyecto de la colonización. Para considerar la situación actual de Llanos del Caudillo hay que tener en cuenta los problemas de la gente joven para establecerse como agricultores independientes (no había ni lotes de tierra ni viviendas previstos para ellos), las dificultades de los agricultores para subsistir con parcelas de este tamaño, el auge de nuevos cultivos y la problemática de los precios y las redes de comercialización en el marco de dependencia creciente de un sistema de mercado postindustrial y globalizado. También hay que atender a la influencia que tienen las actividades sumergidas y otras actividades económicas en las nuevas familias, el peso de la urbanización cultural de los estilos de vida y cómo se construye el complejo sentido de pertenencia al pueblo en las personas que quieren vivir aquí y que se resisten a que Llanos se acabe convirtiendo en un barrio residencial de Madrid, como está ocurriendo con muchos núcleos rurales situados en la periferia de las áreas metropolitanas.